
I - " Angel de Dios, que eres mi custodio, ya que la soberana piedad me ha encomendado a ti, alúmbrame, guardame, rígeme y gobiername"
-
Los ojos de Sinnata se quedaron rebotando en las baldosas blancas y negras del patio sin encontrar una salida. Blancas, negras, negras, blancas.....los ojos de Sin sin saber donde mirar, miraban el tablero del piso. Y así fue que vió los zapatos negros y las medias grises acurrucadas en los tobillos gordos con gota o regordetes de mucho pan de la pierna peluda de la monja superiora de la parroquia. Los vió salir del aula de catesismo a paso apurado por la diagonal de negros cuadrados hasta llegar a una puerta hinchada y allí se detuvieron para descarnadamente tomar ímpetu y dar un puntapie a una vieja y húmeda puerta de madera. Por esa puerta salió la dueña soberbia de esos pies. Pero no hay mal que por bien no venga dijo alguien alguna vez y el bien fue que Sinnata pudo dejar el laberinto de baldosas y recuperar sus ojos. Se los puso bien puestos y así fue que encontró otra puerta, una puerta sin tanta humedad. allí no, allá, al fin del borde blanco del patio. Una puerta para salir. Salir sin puntapiés, cabalagando con los cabellos al viento.
II- "Pensamientos para antes de dormir: Yo he de morir, más no sé cuando, Yo he de morir, más no se dónde, yo he de morir más no se cómo lo que se de cierto es que si muero en pecado mortal me condeno para siempre"
La pequeña Sin ya estaba en un paisaje lejos, por eso no escuchó la voz de Margarita. "Terminó el recreo", dijo la voz de quien apenas hacía unos minutos había sido bella dulce y santa. Margarita era su maestra de catesismo. Margarita era más que eso y dejo de serlo todo, todo eso que era antes y ahorita no. Ya no es.
Sin, sin Margarita. Margarita despetalizada, más que marchita marchitada, sin mar sin cielo.
margarita ya no era la misma.
¿ Y cuando había cambiado? ¿ Pues una persona no cambia así de sopetón de un momento a otro?.No se le pueden estar cayendo los pétalos a cualquiera, así...Pero....¿Porque no? Para Sinnata así lo fue.
Antes del recreo Margarita ( con mayúscula) le pidió a Sinnata que le mostrara el cuaderno, el cuaderno de clase de Dios, ya que en el aula de catecismo se estudiaba algo así como la historia de Él. A Sinnata le transpiraban las manos. Estaba ansiosa. Había estado dibujando gran parte de la noche en el marco de una hoja rodeando cuidadosamente las letras de la tarea.
Margarita, que todavía llevaba su aire perfumado hasta en lo blanco de los ojos, miró con ellos el dibujo. Y allí empezó todo. Levantó lentamente la cabeza, miró a Sinnata y con voz todavía dulce dijo cruelmente: " ¿ Una sirena ?, ¿ olas de mar?, No es un dibujo para este cuader...." No había terminado de decir la frase que ya Sinnata tenía el corazón arrugado en la garganta. No No y no...No era un mar....era el mar más profundo que alguien alguna vez había osado dibujar ...¡ y la sirena era mezcla de tanta mujer¡ Largo cabello, cuello delgado, hombros redondeados, senos de caracol, ombligo pequeño, piernas de pez tornasolado.
Agua de lágrimas se llevó consigo el rostro de la sirena. Los ojos de Sinnata ya se habían desprendido. Iban flotando a la deriva en el torrente de mar que innundó el viejo patio de la parroquia. Nadie se percató de eso.
III. " Lavadme, Señor, de mis pecados y quedará mi alma más blanca que la nieve"
Los otros niños salieron a recreo en bote sin preguntarse siquiera si el agua sería de lluvia o agua cloacal.
Sinnata demoró su salida al patio (patio en el que después, se pedería) porque la monja de cara agria, la de tobillos gordos y cuerpo gris había ingresado al aula. Conversaba ahora con margarita (con minúscula). Sinnata aún escuchaba. Y escuchó a la lengua de la hermana superiora de quien tuviera tan mala suerte de tener a esa monja como hermana, decir..."que rehaga la tarea". Lo último que escuchó Sinnata fue el estruendo que hizo el cuaderno de tapa dura al cerrarse.
Y despues vino lo que ya saben...El laberinto del patio, los pies rellenos de soberbia, el puntapié y la escapatoria de los ojos de Sin.
El agua se fue yendo por la rejilla del patio y los niños tampoco se preguntaron esta vez de como había podido ocurrir que se les secara tan rápido la ropa.
IV- " Oh Jesús, Señor mío, gracias os doy de todo corazón porque habéis venido a mi alma"
Desde aquí Sinnata ya nace sin religión. Y sin otras tantas cosas.
Por supuesto que sí, que sí tomó la comunión finalmente...pero ella estaba distinta.
Comprendía el miedo de sus compañeritos cuando la hermana superiora les decía con voz amenazante en la práctica de comulgar..." No mordais el cuerpo de Cristo", mientras todos con la lengua trataban de despegar la ostia del paladar...
Todo era ya un eco. Ecos...porque Sinnata ya estaba otra vez lejos en lo profundo de algún mar, tranquila, sin tiempo, sin miedos de estar perdiendo sólo Dios sabe qué.